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Poemario

Poetas peruanos y latinoamericanos
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OLIMPIO CARDENAS TORRES (1924 - 2000)

Obras:
"Cronología Poetíca"
A mi Corongo tierra natal (Corongo, 1985)

"Poemas de Ayer y Hoy" (Lima, 1977)
Partida Registral: 0538-1998
INDECOPI
(Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección
de la Propiedad Privada Intelectual)

 

Poema declamado por el autor:

LOS NIÑOS DEL TIEMPO
Por: Olimpio Cárdenas Torres

En los segundos
y los minutos que nacen
No hago más que seguir luchando
como en las horas que gatean
y los días tiernos que caminan.

En las semanas impúberes que corren
y los meses jóvenes que saltan
No hago más que seguir luchando
como en los años maduros
alegres y tristes que pasan ...

Seguiré luchando
mientras recostarme pueda
en las manos del tiempo

Y ... recordando bellos pasajes
tardes alegres y mañanas tristes
Iré caminando
arrastrando mis pasos por la vera aquella
que nos conduce al último destino

Luego vendrán los siglos
y las edades canosas
como padres y abuelos embastonados

Y mi cuerpo ¿Qué será de él?
Habría sido sembrado en la tierra
como una semilla humana

¿Cosecharán mis huesos
como joyas descubiertas?

¿O ... seguiré muriendo
con mis huesos olvidados?

(27 de julio de 1953)

 

CAOS
Por: Olimpio Cárdenas Torres

Fuera du su sitio
se verán hoy las cosas
llenos de dolor;
com si fuera luxaduras frescas
de los huesos del alma.

Rodarán por el suelo
todos los sólidos geométricos,
hasta volverse, esferas domesticadas,
por el grueso esmeril de la tierra.

Cambiarán de rumbo
los caminos de siempre
y en vez de un regreso feliz,
tendremos una ida frecuente,
por el camelludo sendero
del mundo.

Doblaremos en tres
nuestro vertical vacilante.
Seremos sillones deformes,
para sentar a nuestros hijos,
antes de su propio cansancio.

Pensaremos en lo infinito
por el caos demente.
Seremos cada mundo que se aflije.
Buscaremos otros pies
que no se cansen;
porque las bestias, se habrán
humanizado y rezarán por nosotros.

Los segundos y los minutos
se pelearán, para ser más grandes
que las horas.
No serán sus esclavos.
Pedirán su propio reloj
y nos aventarán a su ruleta,
hasta reventar el cascarón del tiempo.

Rumiaremos más largo los días
y en la sierra de nuestros dientes,
llevaremos limas de repuesto
para aliviarnos el trago,
de los siglos implacables.

 


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